Un joven de 21 años en la playa del Trampolín: «Puedo quedarme aquí hasta que muera porque esta vida también la vivo en mi país»
Simo, marroquí de 21 años, estaba sentado delante de una de las miles de chabolas de la playa del Trampolín de Ceuta este sábado con media docena de compañeros. Lleva 60 días viviendo y durmiendo en la explanada convertida en asentamiento, varado desde que cruzara la frontera de Marruecos con una multitud de unas 80.000 personas el pasado 30 de julio. Al día siguiente regresó el 90 % de los migrantes, pero miles siguen en montes, playas y calles de la periferia. El campamento parece más propio de un país en guerra que de una ciudad española. La vida a la intemperie no les ha minado la moral, ni los mensajes que les llegan aquí de que la mayoría de los ciudadanos de Marruecos no conseguirán el derecho de asilo por no cumplir los requisitos. «Puedo quedarme aquí hasta que muera porque esta vida también la vivimos en nuestro país», asegura, con la ayuda del traductor del móvil porque como la mayoría, solo habla árabe.
